dimecres, 18 de gener de 2012

La prioridad continúa siendo el consumo


Europa y sobretodo España, se hallan sumidos en una crisis tan profunda que ni siquiera se sabe ver la oportunidad de la eficiencia energética. Las previsiones más optimistas hablan de un incremento de un 20% en esas áreas de negocio, cuando debería dispararse por puro sentido común. Sin embargo, parece no haber ni un euro para ahorrar dos.
Mientras tanto, en el resto del mundo, las aún abundantes reservas de carbón y las todavía mayores y crecientes reservas de gas natural -hasta en nuestro territorio aparecen grandes yacimientos mediante el salvaje sistema del Shale Gas-, aseguran un futuro muy prometedor a aquellas energías que creíamos pertenecientes al pasado. Hasta la nuclear, vilipendianda justamente desde Fukushima, ya no podrá ni ser una fuente de transición.
Por ello, conviene que no perdamos de vista que todavía no hemos alcanzado la situación que podíamos desear. A pesar de que puede parecer que el estado de opinión es favorable al ahorro e incluso a la sostenibilidad, en muchos casos no va más allá de una estrategia de responsabilidad corporativa o de corrección política.
La pedagogía constante y eficaz es básica, pero sobretodo la seriedad y rigor. Mientras todavía se venda la eficiencia energética con vagos e ingenuos motivos relativos a cambio climático, herencia a los hijos y protección de medio ambiente, y no se afronten y se justifiquen adecuadamente todas las implicaciones económicas y sociales, el mercado no reaccionará. Y por supuesto, sin accionar las palancas adecuadas que faciliten un marco legal favorable mínimo (por no existir todavía la UE está a punto de sancionar nuestro páis), el futuro del sentido común en el uso de la energía podría ser más que oscuro incluso en el caso de salir algún día de esta crisis. En ese momento, si los costes siguen sin reflejar todos las consecuencias implícitas, nos entregaremos de nuevo a los brazos del consumo descontrolado. Eso sí, adecuadamente sellado por el USGBC.