dijous, 9 de juny de 2011

LA EFICIENCIA ENERGÉTICA GLOBAL

Imaginemos una vivienda media española, habitada por una familia tipo. Disponen de todos los medios esenciales en la sociedad occidental para disfrutar de una salubridad y confort básicos: Potencia eléctrica para sus electrodomésticos e iluminación, gas para calefacción, agua caliente y para cocinar y agua corriente potable para lavar y cocinar.
Pues bien, una vivienda de este tipo, dentro de un edificio construido durante los últimos 40 años, puede consumir hasta unos 200 kWh/m2 año. Esto traducido en coste eléctrico, por ejemplo, significa que consume unos 30 €/m2 cada año. Para una vivienda de 90m2, son 2700 € anuales. En zonas de inviernos suaves puede disminuir, pero difícilmente estará por debajo de 15 €/m2 anuales.
Al respecto del agua, en España, la media de consumo doméstico se sitúa en unos 200 l/persona y dia. Eso significa que una familia de cinco miembros consume 365000 litros de agua al año. O sea, cerca de 400 € al año.
Pues bien, mediante un adecuado diseño y gestión energética, el consumo puede reducirse hasta 50 kWh/m2 año, o sea, 7€/m2 anuales. Y de hecho éste es el objetivo establecido en la Unión Europea a alcanzar los próximos años.
¿Cómo es posible llegar a ello?. De varias formas y siempre de manera individualizada para cada caso. No es lo mismo trabajar sobre un diseño de edificio sin construir que sobre una rehabilitación. No muestra las mismas dificultades mejorar la eficiencia energética en Málaga que en León. Ni es lo mismo un edificio de oficinas, con un uso centrado en unas horas, que una vivienda, ocupada durante otras franjas diarias.
El mercado ofrece ya amplios servicios en mejora de eficiencia energética. Muchas empresas plantean la mejora radical de todos los equipamientos energéticos del edificio, reduciendo su consumo sensiblemente. Otras añaden el uso de energías renovables. Algunas también proponen el cambio de la iluminación convencional por bajo consumo o leds. En definitiva, las opciones para mejorar el uso de la energía son múltiples y variadas.
Sin embargo, la excepción aparece en la solución global: ¿Por qué no, además de mejorar el consumo del equipo de climatización, no se aplica un sistema de free-cooling que permita refrescar gratuitamente en horas nocturnas?. ¿O utilizar protecciones solares exteriores, que reducirán ostensiblemente las necesidades de enfriamiento mediante aire acondicionado?. ¿No es mejor estudiar un aporte de luz natural que permita evitar el uso de luz artificial, sea o no de bajo consumo, durante las horas de día?¿Antes de pasar de una calefacción individualizada a una centralizada, mucho más eficiente, no es mejor comprobar que se han eliminado grandes puentes térmicos como las cajas de persiana?.¿Un sistema domótico de control facilitará el ahorro si el usuario lo programa a 25º en invierno y a 18º en verano?¿Una lavadora de clase A++ será efectiva si siempre se utiliza a un tercio de la carga?.
Parece claro: Mejorar la eficiencia energética es la suma de varias acciones, empezando por un diseño del edificio que permita al máximo la habitabilidad sin necesidad de energía, continuando por un correcto aislamiento y eficaces equipamientos y acabando en una gestión adecuada por parte del usuario.
El desafío, pues, esta ahí: No sólo conseguir que los edificios nuevos cumplan el objetivo de 50 kWh/m2 año, sino, y allí está el verdadero reto, que rehabilitando los existentes, se consiga mejorar el funcionamiento de todos los ya construidos, muchos de ellos resultado de largos periodos de regulaciones y normativas muy poco exigentes.
¿Y quién puede llevar a cabo este trabajo? Quien puede unir concepción y ejecución tanto en rehabilitación como en obra nueva, con sistemas optimizados de cerramiento y con equipamientos eficientes de climatización, ventilación y protección solar. Se trata de un ejercicio completamente multidisciplinar y totalmente coordinado.


Carlos Moreno Escofet

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